La estimulación que los niños necesitan

Hay opiniones contrapuestas sobre la necesidad de los niños de recibir estimulación en sus primeros años. Incluso, se utilizan diferentes términos de forma indiscriminada; “Estimulación temprana”, “Estimulación infantil”, “Atención temprana”…

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Según la Agencia de Naciones Unidas que defiende los derechos del niño (UNICEF), los primeros años de la infancia son fundamentales, especialmente los tres primeros. Son la base del desarrollo. Durante este período, la capacidad de aprendizaje es mayor que el resto de la vida. 

Teniendo esto en cuenta, la necesidad de estimular el cerebro infantil para que desarrolle su potencial y sus capacidades, se hace manifiesta. El doctor Manuel Kovacs, especialista en neurología, afirma que; “No estimular el cerebro infantil es lo mismo que confiar en la suerte para que una semilla caiga en un lugar óptimo para que germine, pero si lo estimulamos estamos preparando las condiciones idóneas para que lo haga.” Otros autores hablan de las diferentes capacidades que pueden desarrollarse a través de una correcta estimulación. Por ejemplo, Howard Gardner, psicólogo americano famoso por su teoría de inteligencias Múltiples, afirma que los seres humanos tienen diferentes tipos de inteligencias (Lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, interpersonal, naturalista…) y que todas ellas no dependen únicamente de la genética, también del entrenamiento que le hayas dado desde pequeño a esas capacidades.

Pero, aquí viene la controversia, ¿Qué consideramos “Estimulación”?

Si buscamos la definición de la palabra “Estimular” en el diccionario, aparecen palabras como “Incitar, animar a alguien para que haga una cosa” o “Impulsar la actividad de algo para mejorar su rendimiento”. Se podría decir entonces, que estimular a un niño consiste en “alentarle, motivarle, para que inicie una acción, y para que mejore los resultados. Si a esto le unimos la necesidad de los bebés de estar acompañados de sus padres y de recibir su afecto, su protección y seguridad, nos damos cuenta de que recae sobre ellos, la principal labor de proporcionar estímulos a sus hijos. Hablando, claro está, de niños sin ninguna dificultad o retraso en su desarrollo, ya que en ese caso, la estimulación se realiza para paliar o mejorar estas deficiencias y aunque los padres también lo trabajan en casa, el tratamiento principal se realiza en las terapias que el bebé necesite según su caso. En condiciones normales, son los padres los que brindan al niño la mayor fuente de estímulos y le acompañan en su aprendizaje.

Los bebés dependen de sus padres para sobrevivir, ya que sus capacidades son muy limitadas en el nacimiento. El cerebro del bebé nace aun sin formar y según los estímulos que reciba, se crearán unas conexiones neuronales que formarán unas vías u otras, con el fin de adaptarse al entorno. Recibir determinados estímulos y tener una serie de experiencias, hará que el bebé potencie o desarrolle funciones cerebrales que influirán en sus capacidades futuras. El máximo desarrollo neuronal coincide con la etapa de cero a tres años, luego decrece hasta los seis, a partir de ahí las interconexiones ya están establecidas y los mecanismos de aprendizaje son similares a los de un adulto. No quiere decir que el niño mayor o el adulto no sea capaz de aprender más cosas, sino mas bien, que hay que aprovechar la etapa en la que el cerebro está en su máximo esplendor.

Lo que ocurre es que debemos hacer una interpretación correcta de toda esta información. Una adecuada estimulación, hará que el niño desarrolle o potencie sus capacidades, pero esto no significa que debamos someter al niño a estimulación constante y a una excesiva lista de “tareas” para que convertirle en un ser superdotado y perfecto, ni en adelantar o forzar su desarrollo. Se trata de ofrecer a nuestros hijos la oportunidad de aprender, de guiarles y acompañarles en ese camino de descubrimiento, de despertar su curiosidad y su deseo de saber, respetando su ritmo y su evolución en el desarrollo. De hecho, el niño está rodeado de estímulos y las experiencias de aprendizaje en su mayoría, las generan espontáneamente las experiencias  cotidianas. Es ahí, donde los padres tenemos que estar atentos para seguir proporcionando a los pequeños según sus necesidades, las experiencias
y estímulos que ellos mismos van demandando según su proceso de asimilación. Pero de una forma natural, y amorosa, sin dejar de ser padres para convertirse en profesores de nuestros hijos. No es una tarea fácil y conlleva gran responsabilidad.

La pregunta es ¿Estamos los padres preparados para realizar esta tarea?

Todos queremos a nuestro hijos, no hay duda, y pretendemos lo mejor para ellos. Está claro que el amor es el pilar que sustenta todo lo demás. Un niño que no se siente amado, no se desarrollará correctamente, la inseguridad y la baja autoestima, le llevaran a no explotar sus capacidades, pero a veces las buenas intenciones, no son suficientes. Pueden mezclarse otros factores; falsas creencias que absorbimos de nuestra niñez, el estrés diario y la falta de tiempo, nuestras propias emociones o necesidades que chocan con las de nuestros hijos, el desconocimiento… Los padres aprendemos a ser padres y crecemos a la vez que nuestros hijos. Los profesionales del mundo infantil son los encargados de guiar a los padres asesorándoles, orientándoles en sus dificultades con la crianza, ofreciéndoles alternativas, ideas para mejorar los recursos que tienen en casa, mostrándoles otros puntos de vista…

Para estimular a nuestro hijos sólo es necesario; Amarles y darles afecto y proporcionar estímulos. Tenemos que entender por proporcionar estímulos; Cantarles, hablarles, enseñarles cuentos, hacer actividades variadas con ellos, escuchar música, bailar, hacer actividades en la naturaleza, involucrarles en las actividades de la familia… Se pueden hacer muchas cosas con materiales caseros, y reciclados, se pueden aprovechar las tareas de casa como actividades de estimulación. Casi todos los padres tienen al alcance los recursos necesarios para proporcionar un aprendizaje provechoso para sus hijos. Ahora bien, a veces, uno no imagina la utilidad de los elementos simples que tenemos en casa, las ideas se agotan, la casa se queda pequeña, hay dificultades para conectar con los hijos, por la comunicación o porque no se entiende su comportamiento, o simplemente lo que no se ha vivido, no se conoce y es difícil brindar a los hijos experiencias si no las hemos tenido. Por otro lado, los tiempos han cambiado y los niños, no pueden en muchas ocasiones tomar el espacio tan fácilmente como antes. Vivimos en una sociedad llena de horarios, coches, edificios, y peligros, que muchas veces, hacen que los padres coarten la libertad de sus hijos en su exploración por su seguridad.

Esa es la verdadera utilidad de las clases de juego, o clases de estimulación infantil como dicen algunos; Mostrar a los padres la forma de crear ambientes seguros y ricos en estímulos para sus hijos adecuados a su etapa de desarrollo, dar ideas sobre actividades enriquecedoras y divertidas, crear un espacio para compartir dudas con otros padres, para ofrecer consejos y enseñarles a observar y comprender a sus hijos, ayudándoles a mejorar su comunicación, a satisfacer sus necesidades y a detectar posibles alteraciones. No hay que olvidar la importancia de la prevención de posibles dificultades, ya que por la misma capacidad del cerebro que comentábamos anteriormente, la maleabilidad, podemos atajar problemas futuros, si los detectamos a tiempo.

Como profesional os recomiendo fervientemente, acudir a grupos de juego para bebés, porque será beneficioso no sólo para ellos, sino para vosotros como padres y os dará la oportunidad de aprender, de descubrir cómo explotar vuestros recursos y de conocer a vuestros hijos, acompañándoles en el aprendizaje y viviendo sus mismas experiencias.

Aprovecho para anunciarte el próximo Taller de juego, “Domingo en familia”, si estás interesado en reservar plaza o quieres información sobre los grupos de juego semanales contacta conmigo.

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“TALLER DE JUEGOS “DOMINGO EN FAMILIA, ESPECIAL CARNAVAL” PARA BEBÉS DE 0 A 3 AÑOS”

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¿Te apetece pasar una mañana divertida en familia? ¡No te pierdas este taller el Domingo 23 de Febrero! Una oportunidad para disfrutar con tus hijos de la música, el movimiento y el arte. Les acompañarás en el aprendizaje y fomentarás sus capacidades, de la mejor manera; viviendo y experimentando juntos. Un encuentro para divertirse y olvidarse del estrés diario, que además nos servirá para estrechar lazos, mejorar la comunicación y la armonía familiar. En esta ocasión abordaremos el tema del carnaval, desd…e el punto de vista de los colores, el sonido y la fiesta. No necesitas venir disfrazado, ni saber cantar, ni bailar, sólo ganas de pasarlo bien, nosotros nos encargamos del resto. Y además, te llevarás como recuerdo el resultado de vuestra obra de arte ¿Te animas? Reserva tu plaza porque son limitadas y se acaban enseguida. (Nota: Existen dos grupos a las 10:30 para bebés de 3- 12 meses y a las 11:30 para bebés de 1-3 años que ya caminan)

Asociación El Baúl de Cambalache, c/ Butrón, 27 posterior, Las Rosas, Madrid

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